En el jardín del tiempo, donde el destino teje, tres vidas se entrelazan, tres almas que se elevan.
En la primera vida, bajo un cielo de cristal, te vi pasar ligero, como un sueño celestial.
Tus ojos eran ríos, tu voz, un dulce cantar, y en tu mirada clara, supe que te iba a amar.
El mundo era un suspiro, el tiempo, un breve instante, y en aquel primer encuentro, mi corazón fue errante.
En la segunda vida, bajo un sol de eterno ardor, te encontré en la distancia, como un faro de amor.
El tiempo nos hizo sabios, la vida nos enseñó, que el amor verdadero, en la lucha se forjó.
Juntos caminamos por senderos de dolor, pero en cada paso firme, crecía nuestro fervor.
Tus manos eran refugio, tu abrazo, mi hogar, y en aquella segunda vida, juré que no te iba a olvidar.
En la tercera vida, bajo un cielo de esplendor, te encontré en el silencio, donde late el corazón.
El tiempo ya no importa, las sombras se desvanecen, y en tus ojos eternos, mis sueños renacen eternamente.
Tres vidas, tres destinos, tres eternidades juntos, en cada latido nuestro, se borran los desencuentros.
Te amaré en esta vida, en la próxima y más allá, porque en el alma llevo, tu esencia, tu verdad.
Tres vidas, tres eternidades, un amor que no se apaga, como el fuego que arde eterno, en la noche más larga.
Y si el destino nos llama, a una cuarta vida más, te buscaré en la eternidad, porque mi amor nunca parará.
Tres vidas, por tres eternidades te amaré.