De la media tarde al sueño,
del sueño a la segunda mente,
y de ella a la obsesión.
El grito de una mirada inocente,
en compañía del pesado duelo,
vislumbrando su aceptación.
De la noche a la madrugada,
de la estrella remota,
hasta su luz atonal.
Llega la indiferencia del caos total…
un tiempo que se agota,
trayendo consigo una vida sosegada…