Nada es eterno, todo pasa,
como la brisa en el mar,
como las hojas en otoño,
como el fuego al apagarse.
Las risas quedan en los ecos,
las lágrimas en el ayer,
los días corren sin retorno,
como un río hacia el mar.
Las palabras pierden fuerza,
los silencios se hacen voz,
lo que ayer dolía tanto,
hoy es solo una lección.
Los abrazos que se fueron,
los caminos sin andar,
las promesas que volaron,
todo cambia, y nada más.
No te aferres a lo incierto,
no te ates al dolor,
que hasta el llanto más sincero
se convierte en otra flor.
Mira al cielo, sigue el viento,
deja atrás lo que se fue,
que aunque todo sea efímero,
siempre hay algo por nacer.