De lejos se escuchaba aquel sonido
de un pobre viejecito, muy decrépito
su sonido callado, cual estrépito
mucho camino, muy muy recorrido.
Primero era el bastón casi sinfónico
y así, poco después las flatulencias
rechinidos de tripas y dolencias
tronando sus rodillas, dolor crónico.
Así castañeaban flojos dientes
sin faltar los jadeos del pulmón
también sus largos soplos corazón
cálido recital, tan diferente.
Ancianos, sinfonías verdaderas
con música de viento en la cadera.
Dr. Salvador Santoyo Sánchez
17/03/2025