Salió a caminar sin rumbo fijo.
Su andar inconsciente y apesadumbrado lo llevó hasta una casa en las afueras del pueblo.
La rodeó y se disponía a regresar cuando escuchó una melodía que atrapó su atención; frenó sus pasos y lo invadió el silencio de la siesta. Siguió caminando y volvió a escuchar la encantadora música.
Algo en su interior lo empujó de regreso.
Subió las escaleras hasta la galería y se asomó por la ventana. Necesitó entrar.
La pequeña y etérea presencia entonaba la canción más bella.
-¿Quién eres, y qué haces aquí?
-Aquí estoy desde que te fuiste.
En ese momento, reconoció la antigua morada de su infancia.
Entendiendo todo la abrazó, y dejando la casa vacía y en silencio, regresó sobre sus pasos lleno de esperanza.
Miriam Venezia
15/03/2025