Si muero, si mañana, pasado, o algún día, recuerda, no llores, no hará falta, todo llega y todo pasa.
Quedaré en el recuerdo, o en el olvido, como lo prefieras; tendrás que seguir tu vida y buscar compañia.
Ya sabes, como lo hacías estando conmigo, pero eso ya no importaría, la muerte de todo se encargaría.
Si muero, tendrás aún muchas madrugadas; quedará vacía el lado de mi cama el cual alguien lo ocuparía.
Te repondrás de mi ausencia tan pronto mis recuerdos se borren de tu memoria; moriré en tu historia.
Tal vez, conservarás uno o dos retratos míos colgados por la pared; o dentro del cajón en la habitación.
Si me muero, no llores inconsolablemente, porque tarde o temprano desapareceré de tu mente.
El jazmín y su fragancia adornarán la corona de flores cerca de mi ataúd donde yacerá mi cuerpo frío inerte.
No deberás obligarte a las muestras de cariño, tampoco las de amor; todo eso sería ya sin importancia.
Decirme palabras bonitas en mi ausencia no será necesario; cuando estuve vivo, muchas veces, fui ignorado.
Si muero, mañana, o pasado, o algún día, quizá hasta te vendrá bien; como me lo dijiste una vez. ¿Recuerdas?
¡Ojalá mueras quizá así hasta estaré más tranquila!...