Las almas vagan, susurros del viento,
sombras sin peso, murmullos del tiempo.
Cruzan los mares de lo invisible,
buscan respuestas en lo imposible.
Son como estrellas que un día brillan,
pero en la noche lejos se miran.
Algunas danzan en ríos dorados,
otras se pierden en sueños callados.
Se cruzan, se sienten, se llaman sin voz,
a veces esperan, a veces son dos.
Se encuentran unidas en la añoranza,
como dos hojas en una balanza.
Hay almas tristes, presas del miedo,
que entre sus sombras buscan un credo.
Otras son libres, como las aves,
vuelan sin rumbo, pero son suaves.
Y hay almas puras, llenas de amor,
que iluminan todo a su alrededor.
No temen la muerte, ni el frío olvido,
porque en otra alma dejan su abrigo.
Las almas viajan sin despedidas,
no tienen dueño, ni tienen heridas.
Van y regresan, a veces sin más,
porque el destino las vuelve a enlazar.