En la perpetuidad de los sueños
yacen las lágrimas dormidas,
deambulando entre ecos de voces calladas,
destinadas a ser dibujadas
en las anonadadas luces de esta noche amarga.
En el babel del tiempo,
las azaleas olvidan su danza.
Callado me quedé
a destiempo y sin fundamento,
mientras sombras errantes
destierran a las lunas amantes.
Noches constantes y mustias,
sollozos interminables,
añoran ser llevados por la auriga,
susurros que son dueños
de destellos de incierta intriga.
Alba, que siembras en mí
una augusta sonrisa,
al llevar contigo la luz
que despierta hasta el más largo sueño.