El viejo quedó dormido
queriendo alcanzar sus sueños,
los sueños, que ya marchitos,
los iba arrastrando el viento.
El viejo quedó en sigilo
con su mirada hacia el cielo
en busca del sustantivo
que le aplacara sus miedos.
Y el viejo que diera tanto,
con tanto trabajo duro
murió con sueños trenzados
que nunca jamás obtuvo
y encarrujadas las manos
después de dar muchos frutos…