Tenemos tanto que dar,
mucho por recibir
y unas ansias de amar,
pero no damos un paso para avanzar.
Nos hemos acostumbrado
a esperar el final;
no lo buscamos,
lo conocemos y no lo seguimos.
Tenemos temor a quedar
congelados en un recuerdo pasado.
Sin embargo, no caemos en cuenta:
ya estamos estancados,
buscando respuestas
en una misma pregunta:
¿Por qué somos así?