Mis ojos se han tornado
de un nuevo aspecto,
un poco cansado.
Pero no me importa,
pues a cambio me han dado
este instante que exhorta
a esculpir un nuevo concepto.
La madrugada se ha convertido
en mi compañera, parte de mí.
La soledad le da sentido.
La oscuridad elegí,
porque esta me libra del ruido
que el día no me puede dar.
Y aunque los pensamientos
no callan,
ellos han sido testigos
de los versos que me acompañan.
Versos que dibujan mis sentires,
tan fieles, tan amigos,
que al fluir me alivian las heridas
y recomponen mis trozos perdidos.
Por la madrugada todo surge,
las metas no pueden callar,
ese anhelo que urge,
la libertad que el día no puede dar.
Es por eso que te aprecio, madrugada.
Porque en tu silencio me encuentro,
te siento tan adecuada, tan privada.
Puedo sentir en ti el reencuentro;
me liberas de una mente pesada
y me gozo en tu silencio.
Por: Ximena Rodelas