caballo negro

El ente.

Corrí desesperado por aquellas estrechas calles

y aquel ente siniestro de cerca me seguía.

No alcanzaba a apreciar todos los detalles

pero con un maligno gesto me sonreía;

y cada ves que percibía aquella sonrisa,

más temor y desesperanza a mi venían,

y más corría y gritaba y era más mi prisa

y mis fuerzas poco a poco en mi morían.

Hasta que caí exhausto, sin fuerzas,

 en aquellas baldosas malolientes y frías,

esperando el golpe mortal del ente a mis espaldas.

Lentamente se acerco hasta mi, sentí su aliento,

poso sus labios en los míos y con un dulce beso,

me arranco los míos y se esfumo en el viento.