Susurros de un primer amor
Cuando ella llega, el mundo se detiene,
el aire susurra su nombre en mi piel,
y mi pecho, rebelde, se agita y sostiene
un fuego que arde con dulce placer.
Sus manos pequeñas, tan suaves, tan leves,
rozan mi hombro, despeinan mi ser,
y siento que floto, que el suelo me cede,
que el cielo me llama a su atardecer.
Cuando ella me mira, mi rostro enrojece,
su risa me envuelve en un mágico hechizo,
y cuando sus labios mi oído estremecen,
mi alma se pierde en un tibio paraíso.
Su voz es un canto que danza en el viento,
su risa, un destello de luna fugaz,
y yo, prisionero de aquel sentimiento,
me dejo llevar sin querer despertar.
Cuando ella me llama y corre a mi lado,
mi pecho estalla en latidos febriles,
y cuando su aliento murmura encantado,
mi mundo se llena de sueños sutiles.
No sé si es amor, deseo o locura,
pero si esto es un sueño, no quiero despertar,
porque en cada roce, su piel me murmura
que el cielo y la tierra pueden suspirar.