Sé de la condena de mi pecado.
Tengo la culpa y la carga de mil letargos.
Entre sueños, repito, renazco y despierto confundido.
No recuerdo qué, o a quién no he buscado.
He evitado verme
al espejo otra vez.
Me mancha el dolor, mis plumas se ensucian.
Soy cuervo, carroñero, observador de lo lejano.
Perdido en mi oscuridad, me siento desdichado.
Por mis alas negras,
por consumirme en culpa,
por perderme en pecado
y caer en mi propia ruptura.
Por no recordar a quién he olvidado.
Quiero ser libre, más allá de la muralla,
no estar enclaustrado por mis alas,
por la culpa, por la ayuda que no he buscado,
mi propio mar, que lentamente me ha ahogado.
Más allá, donde tampoco pertenezco,
ángeles mueren en paz,
un lugar que no conoceré jamás,
donde tal vez ahí te he de encontrar.
Si tan solo pudiera recordar...
¿Quién eres?
¿Por qué no me puedo perdonar?