Es como si me llegase,
pese a la implacable lejanía,
su caricia de consuelo,
pues la noche vive para ello,
para la belleza, la complicidad
y el secreto…
Se me escapa,
entre parpadeo y parpadeo,
¿quién dijo que el amor era eterno?,
la noche se marcha,
con delicadeza inquebrantable,
vestida de mutismos y misterios,
me habla y me recuerda algo de la vida:
que aún respiro,
pese a la existencia misma…
entonces llega la mañana,
cual necesario suspiro,
y me siento a pensar en ella de nuevo.