En el atardecer, vuelan los sueños
hasta llegar a las lejanas tierras
donde duermen por siempre los recuerdos
que alimentan el alma del que espera.
Giran las nubes rosadas del ocaso
el sol cansado se pierde en el oeste
las sombras de la noche caen pesadas
como si todo alrededor durmiese.
Llega la oscuridad la leve brisa
nos lleva a navegar en el silencio
donde sólo escuchamos las palabras
del otro yo que nos conversa dentro.
Implacable al juzgar nuestras acciones
aquilata severo cada paso
comparte a tu lado las derrotas
que te dieron los tiempos de fracaso.
Espera siempre, siempre va contigo
llora tu llanto y canta tu alegría
y partirá también al infinito
cuando llegue la eterna despedida.
Sólo al atardecer, en la penumbra
vienen los sueños de lejanas tierras
vuelan veloces cual estrellas fugaces
a refugiarse donde saben que esperas.
Atraviesan los mares de otros tiempos
escalan las montañas ya vividas
el lago del espejo te devuelve
lo que es tu imagen diluida.
Avanza la noche esplendorosa
pasa de prisa la madrugada fría
llega el amanecer, que abre tus ojos
a la esperanza de otro nuevo día.
Y en el ir y venir tan cotidiano
irán pasando sin sentir las horas
que traerán una y otra vez
tardes y noches, calmadas
para que vuelva a despertar la aurora.
Autor. Alexandra 22/3/2025