Ya no preguntan, ya no investigan,
ya no les sirve la vieja verdad.
Si lo dice un rostro con filtros dorados,
seguro es cierto, no hay que dudar.
El maestro es polvo, la escuela es tedio,
los libros pesan, no hay que leer.
Pero un clip de un minuto en TikTok o YouTube
es suficiente para entender.
Así van perdiendo el fuego y la duda,
siguiendo espejismos, creyendo sin más.
Porque pensar cuesta demasiado,
y es más sencillo dejarse engañar.