He visto a almas, retorcidas, por las penas.
Advertida, siempre fui, por los más viejos.
Siempre entendí y labré, mi propia faena.
Es mala idea, rechazar los reparos añejos.
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El joven, usualmente, es muy imprudente.
El ciclo de la soberbia, la llaman los sabios.
Frente al consejo, el joven, es irreverente.
Usa la sorna y dice que, son solo resabios.
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La solidez en la acción reformadora, es útil.
No logran, los titubeos, consolidar el deber.
El lamento postrero, es mal eco, nada sutil.
Con reglas claras y sin abuso, se da el saber.
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¡La razón, es puerta abierta, a la obediencia.
La coacción cotiza, sus fatales consecuencias!