El aire despierta con luz de la aurora,
susurra en las hojas su brisa sonora.
Baja del monte, cruza los ríos,
baila en los campos, juega en los fríos.
Es un viajero sin rumbo marcado,
cruza fronteras, nunca es atado.
Acaricia rostros, mueve las olas,
silba en los árboles, juega en las sombras.
Es fresco en la tarde, ardiente en el día,
lleva en su aliento polvo y poesía.
Hace volar hojas con dulce danzar,
levanta semillas que quieren soñar.
A veces en furia se vuelve tormenta,
rompe las ramas, gime y revienta.
Lanza su grito en noche cerrada,
asusta al mundo con voz desatada.
Pero cuando calla, su toque es ligero,
besa los campos con soplo sincero.
Trae en su brisa perfumes lejanos,
ecos de mares, huellas de hermanos.
Oh, aire infinito, alma del viento,
vuelas sin peso, huyes del tiempo.
Llévame lejos con tu murmullo,
háblame siempre, yo te escucho.