Si la vida me aprieta
sola contra la pared,
si no confío en nadie,
si sólo el Templo me acoge,
lanzaré un grito desgarrado
que retumbe entre los tambores,
imploraré misericordia,
únicamente pido el roce
de la mano de Dios.
Me preparo para la Pascua,
una reflexión para los hombres,
penitencia morada de ceniza,
que no hay vida sin muerte.
Señor, el amor fue tu legado,
y la resurrección una promesa.