Desde la desnudez de mis frágiles y jóvenes versos, quiero hablarte.
A ti, que me lees, más allá de esta irreal vida.
Después de unos cuantos años y varios meses divorciada de la poesía.
He vuelto, para anunciarte esta catarsis, real y profundamente absurda.
Nada ha sido suficiente...
Amé y fui amada, creí y dudé de todo y de todos, soñé y desperté, caí y me levanté, lloré y reí, grité y callé.
Y he vuelto aquí, al mismo punto donde comencé... a escribir lo que no pudo ser.
Mi existencia, exhala angustia y respira esperanza.
Levantando las manos hacia lo desconocido, lo invisible, lo intocable...
Precipitándome al borde del olvido, de mi olvido, a las cenizas de lo que fue un recuerdo.
Al amor incierto e incorrecto de un alma.
El impetuoso deseo de rasgar este velo con el que me cubro... el que no deja mostrar este rostro hecho de sal, agua y sangre...
Vine con la paz de saberme viva, después de tantas muertes, lentas y terribles.
Después de curar a todo el que se cruza frente a mi... con el suave toque de mis lozanas manos.
Pero... ¿Quién alza su mano parar curar mis heridas, abiertas y sangrantes, por el filo de la indiferencia?
Confieso, que he deseado empuñar el corazón tierno de la tristeza... su inocente razón de ser, que deja salir el llanto y la amargura, no tienen la culpa de existir para mi mayor bien.
Y estoy viva por ella.