Cada vez que mi voz se apura
por sumergirme en la poesía,
fluye en la tinta de mis versos
torrentes de inmensa emoción
que nutren de esencia a mi vida
y me envuelven de ensoñación,
con rasgos de fascinante locura,
aquella de la que solo se sale
cuando la palabra desprendida
deja de ser pertenencia mía
y torna en descontrolado aluvión.