Nuestra historia comenzó en un bar,
entre luces gastadas y copas vacías,
yo solo buscaba un instante fugaz,
pero en tu sonrisa encontré mi vida.
El mundo giraba sin rumbo ni prisa,
dos almas errantes chocaron de frente,
como estrellas fugaces en la madrugada,
destinadas a unirse para siempre.
Un sorbo amargo, un suspiro ausente,
la noche avanzaba sin darnos aviso,
y sin darnos cuenta, en un solo instante,
el amor nos tomó sin pedir permiso.
Los días pasaron, el fuego crecía,
las risas, los sueños, la piel y el calor,
aquella coincidencia de una noche fría
se volvió un destino tejido en amor.
Hoy despierto y te veo dormida,
hermosa, serena, mi paz encendida,
te miro, suspiro, y vuelvo a creer:
vaya... qué suerte la mía.
Pero el milagro aún no termina,
porque un día, con lágrimas y emoción,
susurraste bajito, con voz encendida:
“Amor, en mi vientre florece la vida,
es tu risa y la mía latiendo en un alma.”
El bar es un eco de un tiempo lejano,
el inicio de un todo, un punto de arranque.
Hoy, entre risas, amor y milagros,
seguimos tejiendo historias brillantes.