El tiempo en que el amor, llegaba blando
con la brisa estival amanecida.
Un tiempo de pasión estremecida;
rondando los entornos. Provocando…
Hasta que la pasión fue desatando,
ese tesón de sangre embravecida
que trepó nuestros cuerpos, encendida,
para colmar las ansias, desbordando…
Y después… Como el agua entre las manos
se nos fue derramando por doquiera,
dejándonos tan solo esta quimera,
de volver a encontrarnos los veranos.
Tal vez, tan solo sean sueños vanos,
los que me hacen buscarla en la escollera…
©: 2010 - Edgardo Donato Díaz – “Mariposas Azules”