Antonio Ramos

Juventud divino tesoro

Juventud, divino tesoro, fugaz como el brillo del alba,
te llevaste los días sin peso, las risas sin prisas, las almas en calma.
Eran días de amores y desengaños, de sueños tallados en promesas,
cuando los amigos no eran solo compañeros, sino hermanos sin fronteras.

Horas y horas en charlas sin final,
bajo cielos de estrellas que escuchaban nuestro cantar.
Complicidad tejida en secretos y aventuras,
como un tejido inmortal que la nostalgia asegura.

Hoy miro atrás con un suspiro profundo,
añorando ese rincón del mundo,
donde las risas eran ecos eternos,
y los lazos se estrechaban, auténticos y ciertos.

Treinta años han pasado, pero el corazón se aferra,
a los días de juventud, cuando la vida era tierra fértil y sincera.
En el alma guardo cada risa, cada lágrima compartida,
porque en ese pasado, encontré la esencia de la vida.