Por segunda vez
cumplo veintisiete años,
espero disfrutarlo, tanto ó más,
que la primera.
He perdido ciertos poderes,
he adquirido otros.
Ya no sueño precogniciones
con tanta frecuencia como antes
tal vez porque también ahora
duermo muy poco.
Sin embargo
ahora sueño sin necesidad
de estar dormida.
Siento cuerpos extraños
que me desatan el alma
en combadas formas
de mi espíritu en vilo.
He comprado sal marina
para lavarme los chakras
pliego por pliego
de mi vía láctea.
También debo limpiar mi aura
mis platos sucios
mi ropa usada
mi cabello añejo
que canea sobre fondo castaño.
Con las uñas pintadas de azul escarchado
me siento la diosa Nut en cortito.
Por muy mala que está
la programación televisiva
(el cable es caro
y tengo otras prioridades)
hay ópera de la buena
en el Canal 5,
el canal cultural de los curitas,
y como amo
esas voces quiméricas
redondas, profundas, profanas
me encuentro que,
a pesar de la gripe,
no la estoy pasando tan mal
éste último domingo del año.
Me resfrié el mismo veinticuatro
presumo que de tanta
pirotecnia anticipada
o tal vez el sistema inmune
me jugó una mala pasada.
Vuelvo a mi alma indomesticada
que se niega a ser de cristal
y se revela no de cuarzo
ni lapislázuli,
sino de puro diamante en bruto,
sin pulir,
sin facetar,
sin engarzarse en joya alguna
de rico propietario chestertoniano.
Hay algo que me resignifica
más hoy que en cualquier otra hora
y es el duelo de mi lado
gazatí, sirio, sudanés o yemenita.
No importa el adjetivo
si es el propio sustantivo
el que sufre de verbo presente.
Triste una humanidad que
disfruta, gasta, consume y compra
mientras se acaba impunemente
con niños, mujeres y ancianos
(futuro, vida y memoria)
de un mismo pueblo
e idéntica jerarquía:
la casta humana.
El bardo criollo Alí Primera
cantaba que había de ser humana
la humanidad,
tarea titánica si la gente
le da la espalda a su propia familia
porque es más divertido
responder al mensajito
del whatsapp en el celular.
OLLIN
29/12/2024