Paso desapercibido entre los humos del hastío,
vertiginosos días me achacan sus rosarios,
tan intensamente me punzan la serenidad.
Y, sin más, la rutina me clava a bocanadas,
mientras ostento la mirada hacia el cielo azul,
deletreando las rimas que inspiran mis poemas.
Pero paso desapercibido, como hoja marchita,
que no deja huella y se alimenta de egoísmos vanos.
Resuelto, me recupero de mis letargos,
para volver a caer, profundo... muy profundo,
en esos pensamientos que revolotean sin cesar
hasta desear huir por el camino del cobarde.
Y sigo siendo invisible, casi etéreo,
como el aire viciado de mi intrascendencia,
y me sugiero quedarme impávido, mientras
la vida pasa fugazmente por mi ventana.
Pareciendo el día perfecto
para escapar por el camino de los cobardes.