La ansidad ya comienza a ensordecer mis oídos y a oprimir con incalculable fuerza mis sentidos.
Todo se agita, todo se estremece y el sopor en que me hundo me enloquece.
Grita mi muda garganta, seca de la savia de la vida y escucho mi voz que golpea mi herida.
Al borde de la locura camino con paso torpe y el abismo que me absorbe me desarma y me corroe.
Se cierne la noche eterna sobre mi pecho agitado y en medio de la tormenta descubro tus ojos claros.
Ojos llenos de verdad, de risa, de amor, de llanto, que me devuelven la vida, que me acercan a tu lado.
Ahora vuelve la calma, ahora una aurora pálida ilumina mi silencio y lo llena de esperanza