Ayer el aire se tornó blanco, y olía a zanahorias.
Hoy de repente se interpuso neblina fría.
Naturaleza, ¿cómo traduzco este idioma de bravías?
Ayer el aire olía; a quemarropa mi tenacidad se iba.
Porque, parecería tontería, no entendía.
Como de bien aquel ambiente dolía, y desespere.
Agarre chamuyo, y convencí en cierto
Que de cierto solo fue mi propio concierto
Hecho elaborado en cabeza ya dolida mía.
Ya dolida mía, dolida el alma la tenía.
Y dorada mi piel pareciese que me poseía.
Junto aquel centinela, el escrúpulo de la interrogante encontré.