En esta vida
tanto importa el dinero,
tanto la fama.
¿Pero qué nos dejan?
Cenizas.
La tierra engulle sin prisa,
y en cada instante
crece el valor de lo eterno:
lo que siempre estuvo,
lo que ha visto mil ojos,
mil vidas.
Lo que no tiene precio
y si alguien lo compra,
muere y queda libre.
Vil engaño el poseer,
porque al final
todo, todo se pierde.
Y la eternidad
es la única dueña
que nunca cede.