El Genil se quedó frío,
y cesó el curso del Darro
y Granada enmudeció
porque al poeta mataron.
Por entre los olivares
llorando van los gitanos
con la mirada perdida
y el corazón habitado
por el odio a los fusiles
que la vida le segaron.
¡Federico, Federico!
¿Quién nos hace tanto daño,
quién quiere acallar tu voz,
quién puede ser tan villano,
quién quiere arrancar tus versos
del Romancero Gitano?
Y Marianita Pineda
con su bandera de nardos,
delirando le buscaba
por besanas y sembrados,
por caminos y veredas,
para por fin encontrarlo
con una rosa en el pecho,
¡clavel exangüe sus labios!