Mirando sus ojos claros
con esos sus rayos tiernos,
irradian las esperanzas
de mis más dulces ensueños.
Mirando con pasión sus labios rojos,
amor vibra en mi pecho;
y vuelan cual palomas mensajeras
las rimas de mis versos.
Mirando de sus ojos la ternura
que tiene azul del cielo;
y oyendo de ilusiones bellos cantos,
con místicos arpegios:
¡Sueño!
Mirando en su sonrisa gran tibieza
con su candor excelso;
el aura tan divina que posee
me llena de embeleso.
Si escucho de su voz el timbre claro
de dulce violoncelo;
con notas melodiosas y sublimes
que invaden mi cerebro:
¡Sueño!
Mirando de sus formas exquisitas
el suave balanceo;
recuerda el ondular de las palmeras
cuando las mece el viento
Cuando erguida camina por la calle
y flotan sus cabellos;
en mi alma soñadora y tan poética,
con febriles annhelos:
¡Sueño!
Y cuando por la tarde, muy tranquila,
en su jardín la la veo
cortando margaritas y gardenias;
un ángel yo contemplo.
Y viendo que el crepúsculo se acerca
romántico y sereno;
mirando sus celajes que me inspiran,
pensando la poseo:
¡Sueño!
Autor: Aníbal Rodríguez.