Esta soledad poblada
por el graznar de los cuervos;
esta soledad obnubilada
por los soles que se alejan
como un extraño cuya espalda
veo perderse cuesta abajo;
esta soledad esperanzada
cuando miro los neones
de algún bar, hotel o restaurante
donde quizás estaré una noche,
pero seguramente entraré nunca;
esta soledad de voces vagabundas
que duermen junto a las puertas cerradas
para buscar en el sueño la moneda
del deseo negado o del placer perdido;
esta soledad ardiente y todopoderosa
mientras duermo o me abrasa la lujuria,
esta soledad tan fría y pobre en la vigilia;
esta soledad que me diluye
en mi propio pensamiento
como el arbol deshecho
en asustados gorriones;
esta soledad a la que no le basta mi vida
soy yo y los dos somos el mundo mismo.