Si pudiera,
viviría en cada esquina de tu cuerpo,
en cada gesto tuyo,
en cada palabra de tu voz,
cálida y plena,
en tu silencio plácido,
tranquilo.
Dormiría como duermen los afortunados,
que nada anhelan:
sin sueños,
pues todo lo tendría.
Probaría mil maneras de quererte,
de adivinarte entre los rostros de la gente,
de decirte adiós una,
diez,
un millón de veces,
para salir de nuevo a tu encuentro
y saber que estás,
sigues,
permaneces.