El murmullo de los invitados se mezclaba con el suave sonido de la música clásica que flotaba en el aire. En la habitación del hotel, Camila respiraba hondo mientras su madre ajustaba los últimos detalles del vestido de novia. Todo era perfecto, o al menos, eso creía hasta que una de sus damas de honor le entregó un sobre manila con su nombre escrito en tinta roja.
—Esto lo dejaron en la recepción, Camila —susurró con el ceño fruncido.
Con las manos temblorosas, rompió el sello y deslizó el contenido sobre la mesa de maquillaje. Su corazón se detuvo. Varias fotografías, crudas y explícitas, mostraban a su prometido, Iván, desnudo, entregado al placer con otra mujer sobre una mesa de panadería. La harina cubría sus cuerpos, migas de pan se esparcían alrededor, y sus rostros reflejaban un éxtasis que jamás había visto en él. El colmo fue la última en la que claramente su novio tenía su cabeza entre las piernas de la mujer.
Debajo de las fotos, una nota escrita con una caligrafía cuidadosa:
“Si sigues adelante, desaparecerás como las demás.”
Camila sintió cómo su estómago se cerraba en un nudo. Su respiración se volvió errática. Levantó la vista y vio su reflejo en el espejo: el blanco del vestido contrastaba con la furia que empezaba a arder en su interior.
—¿Camila? —preguntó su madre al ver su expresión desencajada.
Ella no respondió. En su mente, el día perfecto se transformó en un torbellino de dudas y miedo. ¿Las demás? ¿Cuántas más habían estado en su lugar? Recordó los rumores, aquellas exnovias de Iván que habían desaparecido sin dejar rastro. Él siempre les restaba importancia, decía que eran chismes de pueblo. Pero ahora, con esas palabras frente a ella, todo cobraba un sentido aterrador.
El pasillo de la iglesia estaba abarrotado de invitados que la esperaban. La marcha nupcial pronto comenzaría. Pero Camila, con las fotos aún en la mano, sabía que no podía seguir adelante sin respuestas.
—Dile a Iván que necesito verlo, ahora —ordenó a su dama de honor con una voz firme.
Minutos después, en una sala privada del hotel, Iván entró con su sonrisa encantadora, pero cuando vio las fotos sobre la mesa, su expresión se congeló. Sus labios se abrieron, pero no emitió sonido alguno.
—¿Qué significa esto, Iván? —Camila alzó la nota con dedos temblorosos.
Él parpadeó, intentando recuperar la compostura.
—Amor, yo… No sé de dónde salió esto… Alguien quiere arruinarnos.
—No mientas. Estás aquí, con ella. ¿Quién es? ¿Y qué significa ‘como las demás’?
Iván tragó saliva, sus ojos oscuros parpadearon con nerviosismo. Camila sintió un escalofrío recorrer su espalda. ¿Por qué no respondía?
—No es lo que parece… —susurró él, pero su voz no tenía convicción.
—Entonces dime qué es —exigió ella.
El sonido de la puerta al abrirse bruscamente los interrumpió. Una mujer vestida de negro, con una capucha cubriéndole parte del rostro, entró sin ser anunciada. Sus ojos, fríos e intensos, se fijaron en Camila.
—Él no te dirá la verdad —dijo con voz pausada—. Pero yo sí.
El silencio se volvió sepulcral. Camila sintió que su mundo se desmoronaba antes de que siquiera pudiera escuchar la verdad.
La Boda había terminado antes de empezar.
JUSTO ALDÚ
Panameño
Derechos reservados / marzo 2025.