El Corbán

MÁRTIR DE TU ALIENTO

Hallarnos, fundidos, sin tregua ni hastío,

dos fuegos que rugen, que danzan, que río,

dos cuerpos cincelados en mismo cincel,

dos almas que absortas deshacen la piel.

 

Ah, pero el mundo que ruede y sucumba,

que gima y que llore, que tiemble y que tumba,

pues nada perturba la sacra osadía

de hacernos un todo, de ser nuestra, teología.

 

Que el beso nos marque en blasón infinito,

que el alba nos surque con filo bendito,

que el goce nos funda sin tregua ni fin,

y el sueño, embriagado, se rinda ante mí.

 

Pues mira, mi cielo, mi yugo, mi exceso,

mi cariño, mi oro, mi infierno y mi rezo,

si el aire me falta, no culpes al viento,

que sólo respiro si es de tu aliento.

 

Mas goza, regente de esta alma marchita,

ríe, que un necio tu sombra recita,

y si un día muero… que ría el destino,

pues muero en tu nombre y eso es divino.