Tiempo Difunto
Nubes de amianto,
mordiscos grises al celeste,
sobre campos desiertos,
allí donde el alma
se viste de polvo y silencio.
El sol se deshace en hebras de olvido.
Dunas de esqueletos se agrupan
en lúdico aquelarre espectral,
donde la muerte se congrega.
Huecas calaveras,
almas sin voz, pero presentes,
entonan cantos gregorianos.
Melodías fósiles,
ecos de un ayer sombrío,
ascienden al infinito,
componiendo su Marcha Fúnebre.
Languidecientes relojes,
con un tic-tac remoto,
anuncian un destino arcano.
Los minutos y segundos,
son lágrimas de óxido y cal.
El tiempo difunto sonríe:
su victoria ya está labrada.