majjri

MaldiciĆ³n

Señor,  

si me escuchas,  

dime por qué.  

 

Lloro, río,  

me ahogo en este cuerpo  

que nunca me pertenece,  

en esta piel que me encierra  

y no me deja salir.  

 

Nunca fui línea recta,  

soy un murmullo que tiembla,  

una pregunta que nadie responde,  

una herida que no cierra.  

 

Crecí en el castigo del silencio,  

en la boca cerrada,  

en las palabras que no eran insultos  

pero lastimaban igual.  

 

No sé si existo,  

no sé si me tengo.  

Me pregunto y no me encuentro.  

Me llamo y no me oigo.  

 

No quiero rendirme,  

pero no sé qué hacer  

con tanto sentir.  

 

Me pesa esta maldición:

amar hasta romperme,

dar sin tregua,

ser hoguera hasta el final

y ceniza en el viento.

 

Me alivia verlos vivir,

verlos reír sin mi reclamo,

porque en mi pecho es así:

basta ver felices a los que amo.

 

Pero es un peso,

es un fuego,

es una herida abierta

que no deja de sangrar.

 

Porque doy,

me arranco,

me entrego,

pero amarme…

¿cómo se hace eso?

 

Señor,

¿acaso estoy maldita?

¿Por qué mi amor se desgarra

como si amar fuera un castigo?

¿Por qué

arde,

por qué quema,

si nadie quiere quedarse conmigo?