Duermen ya las calles un sueño de bares,
de historias sin perdones,
amuebladas de absurdos chismes y rumores,
con la tristeza en sus colores...
Veo sus paredes pálidas y frías, demenciales,
tan pobladas ya de almanaques,
y del pulso de las noches, desengaños y adioses,
en la estación de los viejos trenes...
Paseo con ojos metidos en edades,
entre los coches aparcados por todas partes,
temeroso de un traspiés,
y asistiendo a la huída de imágenes...
A las eléctricas corrientes,
las voy hablando con lenguajes de luces,
cuando los aires invernales,
en sus movimientos me rozan muy capaces...
Persevero en modales posibles,
de dar significado humano a tantos bravucones,
que en su día se creyeron como dioses,
pero sé quien son ustedes...
Y cae la niebla entre los árboles,
mientras pienso en aquel amor de todos los instantes,
a la que deseo querer como entonces,
pero dramáticamente, se ausentan de mi sus carnes...