Javier Julián Enríquez

El inexorable designio del destino

Cual náyade de nácar que fulguras

entre arbóreos doseles cristalinos,

danzas en la brisa, entre ecos divinos,

dibujas tu trazo callado en sombras;


Átropos cruel, en célicas alturas,

luz tan pura, con filos diamantinos

de fulgor cortante, cercena sueños

que ornan estructuras, ya tan oscuras.

 

Invisible, la deidad del Mercado

en mareas fluctuantes otorga,

dibujando con su sombra el ocaso;

 

y en este piélago de incierto grado,

do el coralino altar toca la soga,

fenece así el Estado en mar acaso.