Cual náyade de nácar que fulguras
entre arbóreos doseles cristalinos,
danzas en la brisa, entre ecos divinos,
dibujas tu trazo callado en sombras;
Átropos cruel, en célicas alturas,
luz tan pura, con filos diamantinos
de fulgor cortante, cercena sueños
que ornan estructuras, ya tan oscuras.
Invisible, la deidad del Mercado
en mareas fluctuantes otorga,
dibujando con su sombra el ocaso;
y en este piélago de incierto grado,
do el coralino altar toca la soga,
fenece así el Estado en mar acaso.