Tu amor fue un dado en la tiniebla,
Una apuesta jugada y sin valor.
Pronunciabas \"te amos\" como niebla,
Y al eco se le olvidó tu voz.
Rompías como hojas del otoño
bajo un tacto de tul y de cristal,
y fingías que el mundo es solo un moño
donde el dolor que duele no es real.
Eras un ajedrez sin cera y sin tablero:
Y movías lo reyes de papel,
mientras el corazón, que era un prisionero,
Enfriado, aprendió a no creer en él.
Hoy, tus besos, tan solo son espinas
Disfrazadas de fiesta y de jardín,
y yo, ceniza que queda en tus esquinas.
Tu fuego se me extinguió por fin.