En mi sombra danzando en mis pasos,
en mi voz que se apaga en abrazos,
en mis ojos, luciérnagas rotas,
en mis alas de seda y de notas.
He sido un eco en mares sin brisa,
un trueno atrapado en un rayo sin prisa,
una lluvia que nunca termina de arder,
un latido que olvida cómo florecer.
Soy joven,
y en mis venas aún brota la aurora,
¿por qué ser la estatua que el tiempo devora?
¿Por qué no ser río, cometa, relámpago,
en vez de ceniza y letargo?
Pero el amor…
el amor es un astro dormido,
es un faro en la piel del olvido.
Son tan pocos los que han sabido quedarme,
los demás, apenas un roce de aire.
Quiero aprender a danzar en la espuma,
romper con mis manos la cárcel de bruma,
ser viento, ser risa, ser ruiseñor,
no un eco marchito de mi propio dolor.
Que el mundo me vea renacer,
aunque tropiece, aunque dude,
aunque a veces me pierda en la sombra.
No siempre encontraré el camino,
pero al menos, intentaré volver a mí,
como la orquídea que, aun en la tormenta,
busca la luz para florecer.