Viven en casa, pero están solos,
sus padres los ven, pero no los miran.
Huérfanos de abrazos, huérfanos de tiempo,
criaturas de luces que enfrían la vida.
El padre trabaja, la madre se agota,
el niño se calla, la casa respira.
Pero en el fondo, algo se rompe,
algo se muere y nadie lo mira.
No hay preguntas, no hay respuestas,
solo el eco de un televisor.
Porque tener padres no significa
que haya calor en el corazón.