Esa
Coraje de tirar, dolor repudiar
Enaltecí la ingrata sin saber,
Que cual rata ella podía roer
Odio mi corazón, torpe al pecar.
Se niega completamente a dañar
A pesar del despiadado engaño
Aun viendo ratas salir de su caño
Me marche pese a poder extrañar.
Aquella condesa cual perro sigue
Su andanza tranza, que no lo niegue
Hoy mi alma goza de gente buena.
Ellos son aristócratas amables
Ninguno desenvaina vuestros sables
Os admiro mis nuevas amistades.