Aun huele a deseo en la habitación 129,
las sábanas llevan la huella de tu espalda,
el espejo guarda el eco de nuestros cuerpos,
y la luna aún tiembla tras la ventana.
Aquí fuimos incendio y ceniza,
piedra desnuda contra la tormenta,
susurros que arañaban la piel,
bocas que se encontraron a tientas.
Pero ahora es solo un cuarto vacío,
con el recuerdo latiendo en las paredes,
y yo, sin ti, bebiéndome la ausencia,
como un último trago
de despedida.