Soy el eco de un grito que nadie sostiene, la herida abierta en la piedra,
la ceniza que insiste en arder.
Me desbordo, me desarmo, me derrumbo,
pero sigo siendo incendio,
llama que se devora a sí misma
y aún así se niega a morir.
No me pidas quietud, fui parida por el caos.
No me exijas silencio,
mi voz es un conjuro.
Si me apago, que mi ausencia duela,
que se clave en la memoria como un puñal invisible,
que arda en el pecho de quien me olvide,
como una sombra imposible de enterrar.