Sálvame con tus ojos impávidamente ingenuos,
cimenta con ellos un camino de luz,
que me lleve a través de las espesas sombras,
aferrado a tus luminosas manos,
que envuelven mi alma,
haciéndome mudar a frágil mariposa,
en medio de la noche,
para volar entre sueños,
envuelto en tus caricias.
Sálvame, dame con tu mirada,
un caudal de esperanza,
que redima mis naufragios,
que fortifique mi voz,
hasta convertirla en rugido angelical
que rechace los miedos,
y me levante del fondo espumoso de la soledad.
Redime con la incandescencia inocente de tus dedos,
el tacto envejecido de mis memorias,
convierte el pensamiento en agua clara,
humecta mi piel con la lealtad y conciencia de tus besos,
hasta que me transfigure en nube y lluvia fresca,
que irrigue el camino para tus pasos.