El sol se pierde tras el horizonte,
dejando huellas de fuego en el cielo,
la brisa fría susurra su canto,
y el día muere con paso sereno.
La luna asoma su pálido rostro,
testigo eterno de sombras y miedos,
las calles duermen envueltas de sombras,
bajo el amparo de oscuros secretos.
Los astros brillan en la lejanía,
como faroles de un barco perdido,
y entre las sombras que cubren la tierra,
se va apagando un último grito.
La noche avanza, devora los sueños,
las voces callan, la calma se impone,
y en este eterno y profundo silencio,
mi alma vaga sin rumbo ni nombre.