En algunas de mis noches
de desolación
le pedí a Dios un milagro…
que me llegue el amor
de un hombre bueno.
Más bien un ser que me quiera
como soy.
Porque de defectos estoy vestida,
si me tiene paciencia
tendrá más que la cena.
Hasta que llegó un sábado
por la mañana.
Sin saber de dónde vino
ni quién era, en ese momento algo pasó…
Dios hizo que el tiempo
corriera entre los dos.
Porque ahora te tengo enfrente
y puedo decirte lo que en aquellas súplicas pedía.
Siempre fuiste tú
sin saber quien eras, ni de dónde venías
o que pasado cargabas
tú eres al que estaba esperando.
Milagro hecho realidad
fantasía que me hace volar
sueño dorado
mi amor soñado…