Aún tierna, pero quebrada
abraza a cada una que la habitamos,
desde viejos recuerdos,
grises y empañados.
En la oscuridad de su voz,
multiplicada,
se siente como un escarabajo fuerte,
empujando desde adentro de tu panza.
Ya lo sabemos,
ni estas líneas ni tu canto
puede ser que alcance
y, sólo sean,
una caricia debajo de la sombra un álamo.